jueves, 2 de mayo de 2013

El Mundo de Pensamientos

 


Todo lo que existe en el universo se basa en ideas de la Creación que se han vuelto realidad, es decir, en hechos elaborados de ideas; a saber, desde el comienzo más remoto del mundo de ideas de la Creación, del cual proviene todo lo existente en el sentido puramente creacional. Todo lo existente son hechos creados de acuerdo a ideas y, por lo tanto, son realizaciones de ideas. Sin embargo, cuando se habla en relación a la Creación y su mundo de ideas y pensamientos, entonces, al menos con respecto a los pensamientos de la Creación, no hay que medir con el mismo criterio que se usa con los seres humanos, pues el mundo de los pensamientos de la Creación se basa en la consecuencia lógica, es decir, en la lógica, de reconocimientos y conocimientos en forma de ideas, así como en su directa transformación a la realización. Al contrario de ello, el ser humano está con su mundo de ideas en una sucesión de ideas y de las correspondientes consideraciones mentales con respecto a la falsedad o a la autenticidad de esas ideas, cuyo resultado entonces se transformará en una realización si se llega a obtener una cierta cognición. Por lo tanto, una idea directamente producida por la Creación resulta en una percepción, en un reconocimiento, un conocimiento, una sapiencia, una experiencia y una vivencia, así como un sabiduría, por lo que, sin tener que pensar, se efectúa enseguida la realización en completa consecuencia lógica, es decir, en completa lógica. Cuando espontáneamente surge una idea directa de la Creación, sin proceso de pensamiento, entonces esta idea también ya se ha vuelto inmediatamente realidad como existencia. Este proceso de ideas se llama el mundo de ideas de la Creación, aunque realmente no hay pensamientos detrás de ello, pues la Creación puede aprovechar directamente la sabiduría que ella ha creado en todo lo existente. Al contrario de ello, en el ser humano se da que él no puede crear directamente ninguna idea, sino que debe desarrollar las ideas esforzadamente a través de razonamientos y de procesos intensivos de pensamiento para luego elaborarlas y perfeccionarlas relativamente, y sólo entonces puede suceder su realización. Aquello que la Creación ya ha elaborado y existe desde el remoto principio de su existencia y ella ha desarrollado en cuanto a la percepción, la cognición, el conocimiento, la experiencia, la vivencia y sabiduría, el ser humano siempre lo debe elaborar nuevamente en todas las cosas cuando él se dedica a una nueva idea o a alguna cosa nueva. Y sólo cuando este proceso ha terminado, se puede avanzar hacia la realización de las ideas. En cambio, en el mundo de pensamientos, o el mundo de ideas, de la Creación, todo sucede directamente; por consiguiente, desde una idea espontánea decisiva sin imaginaciones, tiene lugar inmediatamente el proceso de realización, a través de la percepción, el reconocimiento y la cognición, así como a través del conocimiento, la experiencia, la vivencia y la sabiduría, donde la última es el factor de la acción y realización.

En contraste con la riqueza de ideas de la Creación, todo lo que el ser humano prepara y crea, corresponde a ideas materializadas, pensamientos, nociones, consideraciones y cosas concebidas, etc. Sólo cuando él ha procesado algo mediante ideas, pensamientos y nociones, puede realizarse, o volverse realidad, a través de su iniciativa. El ser humano es capaz de influir en la materia y trabajarla mediante sus ideas, sus pensamientos y criterios y las acciones resultantes. La materia no es simplemente una sustancia gruesa, sino sólo una forma distinta de manifestación de energía, la cual existe en muchísimas formas y cuya existencia inicial se remonta a un origen puramente creacional. Y puesto que toda energía está compuesta de fuerzas primordiales de la Creación, éstas también componen la materia de sustancia fina, la materia espiritual. De esa manera se produce que los pensamientos pueden movilizar cualquier energía y pueden darle forma. Y es un hecho que, de acuerdo con la ley creacional de conservación de energía, jamás se pierde energía alguna, sino que sólo cambia su aspecto y se transforma a otra forma cuando alguna forma desvanece.
De esta manera, pudiendo cada pensamiento mover y producir energía, el ser humano se convierte, mediante su mundo de pensamientos, en una pequeña potencia creacional si uno lo considera todo en relación con la Creación. Y es un hecho que cada pensamiento creado por un ser humano efectivamente se vuelve realidad de una forma u otra. De tal modo que las circunstancias de la vida humana son sólo un reflejo de los pensamientos, los cuales se cultivan de manera positiva o negativa y de ese modo determinan la forma del éxito o del fracaso. De una manera u otra, el ser humano sólo puede cambiar las circunstancias de su vida si él influencia y modifica su mundo de pensamientos.
La vida le pone al ser humano tareas en forma de problemas que él debe resolver y superar. A través de ello se aprende y se gana en percepción, en reconocimiento, conocimiento, sapiencia, experiencia, vivencias y sabiduría, de forma que se pueda recorrer conscientemente el camino de la evolución. Desde este punto de vista, los problemas representan un regalo para el ser humano, pues al final, cuando se ha encontrado la solución, crece todo el proceso convirtiéndose en sabiduría. Si los problemas se consideran y se reconocen como tareas de la vida, entonces se demuestra que la solución de la tarea siempre se consigue con mayor éxito en aquel momento en que se percibe el problema.

Si no se afronta y se resuelve el problema al momento de su aparición, entonces se volverá tanto más difícil conforme pase el tiempo, pues un aplazamiento también significa una evasión. Y efectivamente, ya el próximo instante trae nuevos problemas y tareas, de tal modo que al final se pierde la perspectiva de todo y surge una confusión de la que no se encuentra salida. A través del descuido de no resolver un solo problema, surge forzosamente un destino que invoca a repetir la lección evadida. Y esto sucede generalmente en tiempos totalmente inoportunos y de tal manera que el problema se ha agrandado o se ha multiplicado. Por lo tanto, no se gana nada eludiendo un problema, sino que se pierde mucho, por lo que generalmente también suceden cosas que causan enfado y agobian los nervios.
Mantener un mundo positivo de pensamientos significa que todo lo que se manifiesta se debe reconocer de forma realista, como provechoso y útil, y no sólo lo positivo, sino también lo negativo, lo que es problemático, doloroso y desagradable. Lo negativo en sí es, como fuerza y unidad al cien por cien, el segundo polo de lo positivo al cien por cien lo cual, como propia unidad, forma en unión de nuevo una perfecta unidad. De ello se deduce que lo negativo también es bueno y que lo realmente negativo no existe porque constantemente está unido también a lo positivo, por lo que lo positivo y lo negativo siempre trabajan juntos y producen sus resultados correspondientes, los cuales producen al final un equilibrio neutral. De ello se concluye claramente también que lo positivo y lo negativo no deben ser simplemente equiparados con el bien y el mal, ya que ambas manifestaciones son puras invenciones humanas relacionadas con las formas de comportamiento, que en estos casos siempre pueden tender a la degeneración. Esto no es el caso con lo positivo y lo negativo, ya que ambos polos son en sí 100% energías independientes cada una, y cada cual trabaja con la otra, complementándose entre sí y creando juntas un equilibrio neutral. Al contrario de ello, están el bien y el mal, como dos poderes que actúan el uno contra el otro, dañándose y destruyéndose entre sí. Por lo tanto, para la construcción y el progreso es necesario tanto lo negativo como también lo positivo, donde lo negativo incorpora aquella energía neutral y aquella fuerza neutral que posibilita que lo positivo desarrolle su propia energía positiva y su fuerza positiva.

Cuidar la higiene psíquica también pertenece al mundo de pensamientos positivos, lo que significa que los pensamientos y los sentimientos deben ser cuidados dentro de un marco equilibrado, pues ellos determinan el estado de la psique, así como también el de la conciencia. Para ello es necesario que ya en las horas tempranas del despertar, es decir, después de haberse despertado, que la persona se prepare brevemente para el día de una manera mental-meditativa, orientándose continuamente durante el día hacia los sucesos del día y hacia lo que hay que cumplir. Para este proceso de higiene psíquica bastan unos 2 - 3 minutos de recogimiento después de haberse despertado, para hacer preparativos para el día y su transcurso. El proceso de higiene psíquica continúa también durante la noche, cuando en dos o tres minutos de calma, o antes de irse a dormir, se examina y se controla mental y meditativamente el curso del día y en qué medida fue un éxito formarlo y mantenerlo según la norma expresamente fijada por la mañana – dónde salió óptimamente y dónde no - para sacar conclusiones de ello y crear mejoras. Este revivir mental y meditativo del curso diario trae grandes ventajas, pues de ese modo pueden reconocerse y corregirse los errores. Así también pueden reconocerse las energías y las fuerzas de los pensamientos perjudiciales corrientes, antes de que puedan aparecer como acciones y se vuelvan un destino irreparable. Si durante el curso del día aparecen fracasos o errores, entonces se reconocerán y se solucionarán, y serán reconocidos como eventos intermedios en el camino hacia el éxito definitivo. Sea lo que sea que el ser humano haga, siendo creador de sus propios pensamientos y sentimientos, él genera energías y fuerzas dentro de sí que actúan de tal modo que todo lo que él genera en pensamientos y sentimientos llega a suceder con certeza. Por lo tanto, el ser humano puede alcanzar todo lo que él pueda crear en pensamientos y sentimientos. Si esto sucede en lo real, entonces todo se forma así igualmente; si esto sucede en lo irreal, entonces también resulta lo irreal.
No es ninguna debilidad de la conciencia humana normal y sana de que en un instante sólo pueda atender un sólo pensamiento, pues de esa manera puede orientarse de manera consciente, fuerte e inequívoca hacia ese pensamiento y al correspondiente sentimiento que surge de ello. Sólo así puede funcionar de manera negativa-positiva neutral y equilibrada el bloque mental. Si esta condición no se presenta, entonces existe una enfermedad de la conciencia o bien una confusión de forma esquizofrénica, a través de la cual distintos pensamientos confusos fluyen al mismo tiempo, lo cual suele suceder en forma de las llamadas “voces”, es decir, en alucinaciones. El poder pensar y mantener conscientemente el pensamiento correcto representa para el ser humano una fuerza excepcional.

El hecho es que especialmente cuando un pensamiento de carácter mental-meditativo se mueve a la zona consciente de la conciencia y si se lo mantiene allí y se lo activa continuamente - ya sea que se trate de un ideal, una idea, una esperanza, un deseo o una meta, etc. - entonces este pensamiento atrae sus similares o fuerzas iguales y lo acumula todo en un complejo concentrado de pensamientos. Como consecuencia, también sucede que los pensamientos que tienen otro carácter, no hallan entrada en este proceso retenido de pensamientos y son rechazados antes de que apenas puedan ser reconocidos.
Si se hace una retrospección a la vida, se establece claramente que siempre se han realizado las ideas, los pensamientos, las esperanzas y los deseos, etc.; es decir, se han cumplido si se han mantenido suficiente tiempo en la conciencia, y si siempre y continuamente se los ha mantenido y se los ha cuidado en los pensamientos y en los sentimientos en forma meditativa-mental – ya sea consciente o inconscientemente. Y lamentablemente esto se refiere no sólo a lo bueno y lo positivo, sino también a lo negativo y a lo malo e incluso a lo malvado. De tal modo que, por ejemplo, el amor, la alegría, felicidad o bien la insensibilidad, el odio, los celos, los deseos de venganza, el miedo, los pesares, las aflicciones y las preocupaciones, etc., atraen exactamente aquello que se espera o que se teme, y efectivamente, según la intensidad con la que se mantienen y se cuidan los correspondientes pensamientos y sentimientos, consciente o inconscientemente, de modo mental-meditativo. Los pensamientos y los sentimientos determinan el estado de la psique y de la conciencia, y una vez que la psique y la conciencia han sido programadas consciente o inconscientemente por medio de determinados pensamientos y sentimientos – lo cual sucede de manera muy rápida y completamente inadvertida de modo meditativo – esto conduce a que los pensamientos y los sentimientos se activen repetidamente y que empiece un ciclo interminable, lo cual conduce a deterioros de la psique y de la conciencia. Para evitarlos, sólo ayuda nuevamente una higiene psíquica periódica que consista en una disciplina de sentimientos y pensamientos concentrada y meditativa. Esto sucede disolviendo enseguida los pensamientos y sentimientos emergentes que son indeseados y creando pensamientos y sentimientos deseados de manera meditativa. Los pensamientos y los sentimientos deseados pueden escogerse libremente y consisten en factores de amor y de alegría, o bien, de belleza, de libertad, de paz o de armonía, etc. Pero esto debe suceder antes de que los pensamientos y los sentimientos indeseados se puedan manifestar como un destino. La disciplina de los pensamientos y la propia higiene psíquica representan dos factores importantes en relación al desarrollo completo del ser humano en cuanto al bloque mental, que incluye también la salud de la psique y la conciencia. La salud de estos factores es un gran tesoro interior del ser humano, pero sólo se desarrollan y se conservan creándolos de un modo meditativo y aportándolos conscientemente a la conciencia, sin caer en pensamientos de creencias. La diferencia esencial entre los pensamientos de deseo y un mundo de pensamientos positivo, consiste en que los pensamientos de creencia se basan en “querer algo” y por consiguiente también en una creencia - que algo tal vez se podría volver realidad -, mientras que el mundo de pensamientos positivo se basa en el conocimiento y en su consciente realización. Los pensamientos de creencia siempre son un “querer” que está lleno de creencia, el cual se basa en una incertidumbre interior y por lo tanto también se basa en un pensar que tal vez se podría realizar el deseo. Al contrario de ello, está el mundo positivo de pensamientos, el cual corresponde a una postura positiva que proviene del interior y proviene del conocimiento de que todo se realiza, y esto aún cuando se presentan dificultades. Por medio de los pensamientos y sentimientos positivos se reconoce que en el mundo de pensamientos positivos se dan las posibilidades y las oportunidades a través de las cuales todo se realiza.

(Traducido por Wolfram Heine, Ramón Sambola y Juan Villegas)