martes, 1 de mayo de 2012

Sobrepoblacion | Nuestro mundo al revés

La sobrepoblación en las grandes urbes en el mundo entero
Una Palabra Adicional
Acerca de la Sobrepoblación
¿Qué Dicen Otros Sobre el Tema de la Sobrepoblación?
Desde antes de que Billy en 1953 haya emprendido públicamente la lucha contra la sobrepoblación, la cual continúa por medio de la FIGU, ya había personas inteligentes y sabias en este mundo que habían advertido muy urgentemente y claramente sobre este mal, el mayor de todos los tiempos. Citaremos las palabras de tres de todas las personas de pensamiento avanzado, quienes reunieron el valor firme y la fuerza necesaria y no desertaron de expresar la verdad por miedo vacilante o cobardía miserable.
El teólogo inglés, historiador y científico de economía, Thomas Robert Malthus (2-17-1766 hasta 12-23-1834) ya había hecho en el año de 1798 alusión a este futuro problema. Sobre él se puede leer: "mientras atendía una parroquia (él fue un pastor protestante) se ocupaba - durante la época de la creciente miseria de las masas por la incipiente industrialización - con asuntos teóricos acerca de la población, y publicó en 1798 la obra modelo, "Ensayo sobre la Ley de la Población y sus Efectos en el Futuro Progreso de la Sociedad". En su famoso ensayo, él publicó su doctrina, desde entonces conocida bajo su nombre, de que el crecimiento de la población sigue una ley geométrica, y por otro lado, el crecimiento de las fuentes de alimentación sigue una ley aritmética; que bajo estas circunstancias las condiciones de vida de los pobres se vuelven más y más desesperantes; que de continuar así, los medios para la vida finalmente no alcanzarán más, a no ser que la hambruna o las guerras disminuyan la población de la Tierra; que habría que aconsejar contra los matrimonios imprudentes y de edad muy joven, y que las personas deben dedicarse al control propio de su multiplicación."
El escritor inglés, Aldous Leonhard Huxley (7-26-1894 hasta 11-22-1963) advirtió acerca de la creencia ciega en el progreso ya desde la primera mitad del siglo 20. A él le inquietaba profundamente el excesivo crecimiento de la población de nuestro planeta. En el año 1954 hizo el siguiente manifiesto: "Si no se resuelve, este problema hará que todos nuestros demás problemas no tengan solución".
Él también reconoció que el mayor peligro para la libertad del hombre está en la reducción de nuestro espacio de vida causada por el número excesivo de todos nosotros. "Cuando el creciente número de seres humanos en el futuro se peleen por los cada vez más y más escasos tesoros de la naturaleza, entonces retoñará la semilla de la dictadura. Los dictadores aparecerán como salvadores cuando se clame más y más fuertemente por una solución urgente y también por un "hombre fuerte". Una humanidad en penurias es una presa fácil para líderes despiadados y violentos".
El tercero al que desearía citar es el profesor de astrofísica Heinz Haber (5-15-1913 hasta 2-13-1990). En el año 1973, él escribió en su libro "¿Muere el Planeta Azul?" los párrafos abajo citados. Él, sagazmente, hasta calculó el número de la población según lo que en la Tierra toleran la naturaleza y las condiciones naturales dadas, lo cual prueba que no solo Billy y la "Freie Interessengemeinschaft" hablan de alrededor de 500 millones de seres humanos. Uno puede leer como sigue: "de hecho es así, que los problemas más urgentes del futuro de la humanidad giran alrededor de la sobrepoblación de nuestro planeta como un centro gravitacional. ...
Con la caída del equilibrio de su propia población, ahora el hombre amenaza también con deribar el equilibrio de todo el planeta. Sólo esfuerzos mayores e inmediatos nos pueden ayudar, pues estamos sentados sobre una bomba de tiempo humana que irresistiblemente avanza hacia una pronta explosión. ...
El problema que hoy, a finales del segundo milenio de nuestro cómputo del tiempo nos salta a la cara, es con mucho la mayor crisis que la humanidad ha tenido que experimentar desde sus orígenes. Todos los otros eventos históricos, comparados con este problema, se desvanecen en insignificancia histórica. El número de la población de la humanidad de la Tierra ha salido fuera del marco equilibrado de la naturaleza. Y esto - como lo hemos aclarado anteriormente - significa una catástrofe en el sentido auténtico de la palabra.
... ¿Cuántas personas debe haber realmente sobre la Tierra? Este número depende del tamaño de nuestro planeta, de la energía solar que continuamente cae sobre el mismo, y la capacidad de nuestras plantas de utilizar biológicamente esta energía solar. ...
Un simple cálculo demuestra entonces que el límite de tolerancia natural de nuestro planeta azul para seres humanos es aproximadamente de 500 millones de personas. ...
Ahora vemos que sólo hemos podido exceder nuestro límite naturalmente reconocido de 500 millones porque hemos tomado energía adicional. Un porcentaje predominante de esa energía lo hemos extraído mediante la combustión y uso de combustibles fósiles: el carbón, el petróleo y el gas natural. ...
El fastidioso problema de la contaminación ambiental suele ser atribuído a los excesos de nuestra moderna sociedad industrial y a la avaricia del sistema capitalista. Si esa aserción se examina más cuidadosamente, se ve que es completamente falsa. Al fin de cuentas, todos estos problemas tienen su origen en la presión causada por el continuo crecimiento de la población, lo cual es obvio tanto en los países occidentales como en los países socialistas y en las naciones del tercer mundo. ...
Hoy en día, que todos saben que ya hay demasiados miembros en la tripulación de nuestra nave espacial, la Tierra, debemos aprender a ver a nuestras antiguas formas de pensar y a las heredadas tradiciones sobre la multiplicación humana con ojos completamente nuevos. ...
En las décadas hasta mediados de este siglo, a la mayoría de nosotros se nos ha escapado con qué velocidad comenzó a levantarse la ola de la población de la Tierra, de modo que - precisamente como una gran ola en el Pacífico - algo muy decisivo debe pasar pronto. ...
Ya previamente hemos señalado que en el problema cada vez más y más urgente del superdesarrollo de hoy, es muy difícil diferenciar entre la causa y el efecto. Esta también es la razón de por qué sólo difícilmente se aísla el elemento culpable de los diversos males de nuestro planeta azul. Adicionalmente, todavía se presentan dos elementos psicológicos más que dificultan mucho el estudio de nuestro problema. Las condiciones que lentamente se empeoran más y mas, no se registran muy bien en la conciencia, pues día a día crecen muy desapercibidamente. Así nos acostumbramos a la pestilencia que crece día tras día en nuestras grandes ciudades y al creciente y fastidioso ruido. ...
Parece que la humanidad todavía carece completamente del reconocimiento de que el crecimiento de la población, a pesar de mayores esfuerzos, debe llevar cada vez más y más hacia el empobrecimiento progresivo.
Hace pocos años atrás, una serie de destacados científicos de la ecología y de la alimentación había hecho la sugerencia que en la India no se debe ayudar más en las hambrunas de ese tipo. Eso suena tan brutal e increíblemente inhumano que uno no puede evitar sino enfurecerse ante esas aserciones. Aunque en realidad, esos expertos han hecho sus sugerencias con el espíritu del amor cristiano al prójimo si uno cuenta el número de personas cuyos sufrimientos han sido aliviados. Si se ayuda a los Hindúes en hambruna, entonces se da a la población de ese subcontinente la posibilidad de sobrevivir y de continuar con su incremento promedio de alrededor de un millón de personas por mes.
Debemos contener nuestra desenfrenada fertilidad. Debemos paralizar nuestra multiplicación destructiva e incluso debemos disminuir decisivamente en nuestro número. ...
Si procuramos un control de natalidad a nivel mundial, entonces tenemos que tratar con enormes obstáculos; obstáculos formados por nuestra biología, nuestra sicología y nuestras tradiciones profundamente arraigadas. Muchas personas pensativas que se han dedicado a este problema están muy pesimistas. No parece del todo - así dicen ellos - que se puedan tumbar estas enormes barreras en los próximos 20 ó 30 años. E incluso este tiempo parece muy largo. Esta es la razón de por qué parece inevitable una población de ocho, diez o tal vez hasta doce mil millones de personas durante la primera década del próximo milenio. Los pesimistas entre nosotros tienen todos los argumentos fuertes en su favor. ...
La esperanza de nuestros optimistas se basa en que nosotros, como humanidad, entendamos las razones de nuestro dilema. Por eso es importante que cada uno comprenda la interdependencia de las leyes naturales en la que nosotros y nuestro planeta estamos firmemente integrados. Sólo entonces podemos actuar de forma razonable. ...
Está comprobado que con nuestras acciones ya cargamos con una responsabilidad considerable del destino de nuestra especie también hasta en el próximo milenio.
La sobrepoblación no es un tema que concierne sólo a los países del tercer mundo y a los gobiernos, sino también al mundo occidental, a los así llamados países ricos y también a todo individuo. Realmente ya no se puede entender por qué el hombre de la Tierra no quiere comprender que todos los problemas y males de este mundo resultan únicamente del hecho de que simplemente hay demasiadas personas. Nos pisamos los unos a los otros, nos ponemos los nervios de punta uno al otro, y nos convertimos lenta pero inevitablemente en seres adaptados y reducidos a una función. Así nos olvidamos más y más de cómo ser seres humanos reales. Con nosotros en el mundo occidental tal vez los efectos de la sobrepoblación todavía no son tan drásticos como para los que sufren de hambre en el tercer mundo, pero también aquí se están presentando las primeras catástrofes que trae consigo la inundación por la masa humana. El número de desempleados se eleva rápidamente, y también forzosamente el número de criminales, pues como dice el dicho - el que no tiene, toma. Y que esto lleva a horribles masacres humanas y a guerras espantosas, lo prueba el desfile diario de terribles noticieros.
Especialmente con nosotros en Suiza, un diminuto país que desaparece por su pequeñez ante toda la Tierra, nos imaginamos que estamos seguros y protegidos porque todo está en tan buen orden y el gobierno tiene todo bajo control. Ciertamente no quiero criticar la forma de gobierno de Suiza, porque sin duda es un país con el mejor cumplimiento de leyes, pues si fuera de otra forma, no nos iría tan bien. Pero justo por esto mismo nos mantenemos demasiado despreocupados ante los problemas en nuestro contorno, como que si la sobrepoblación, con todos sus males y su destrucción del planeta, fuera a parar ante las fronteras del país.
Primero el uno o el otro, lenta pero seguramente, siente en su propio cuerpo que con nosotros esto tampoco puede continuar así para siempre. Muchos ya no tienen trabajo o ganan muy poco como para poder alimentar, mantener y sostenerse a sí mismos y a sus familias. Pero el individuo todavía no se siente afectado, puesto que mientras sólo sea el vecino, nos dan igual los males del planeta.
Es inconcebible que el planeta azul, una vez tan maravilloso, sea casi completamente destruido por seres vivientes que fueron designados, como criaturas más desarrolladas, hacia un desarrollo aún más alto. Así como antes la naturaleza significó para el hombre el recreo en todo aspecto, así debe ahora protegerse contra ella, a sí mismo y sobre todo a la nueva generación que viene. Especies enteras de flora y fauna ya no existen más; la luz del sol, luz que debía mantener la vida, se ha vuelto un rayo nefasto, ya que el hombre ha destruido la capa de protección de ozono que envuelve el planeta. Las aguas están tan contaminadas que el bañarse en ellas es una prueba de valentía, pues muchos salen con diversas toxinas del supuesto baño refrescante. Las catástrofes de origen natural, como las erupciones de los volcanes, terremotos, inundaciones, sequías, etc. hacen el resto. La lista de los peligros que la vida, por su propia culpa trae consigo, es interminable. Nuestro tiempo sobre la Tierra no se puede describir más como vida, sino meramente una lucha por sobrevivir, si se considera todos los peligros y riesgos. ¿Y por qué? porque el hombre, con su insensatez, se multiplica como conejillo de Indias; porque él, de esa manera, toma más materia prima de lo que la Tierra le puede dar; porque él, por su gran número, produce más desecho de lo que la Tierra puede procesar, y porque él, por sus investigaciones progresivas, produce tal cantidad de venenos, que la Tierra, sobrecargada por los mismos, apenas puede respirar.
La Tierra "tose" y "escupe", ella es saqueada y torturada y amenaza con sofocarse, pero aún así, año tras año, trae sus espléndidos colores a flor y le da al hombre, con sus ultimas fuerzas, lo que todavía le queda a la naturaleza enferma.
Sin embargo, se sabe generalmente que los seres vivos enfermos suelen retoñar una vez más un poco antes de morir y parecen mejorar. ¿No produce fruta un árbol enfermo porque siente que muere, y no suele ocurrir que una persona que por meses ha estado en cama, pronto antes de su muerte repentinamente se levanta y hasta por poco tiempo puede caminar? También nuestro planeta es un ser vivo que respira y pulsa, pero el hombre lo ha descuartizado con su sobrepoblación desmedida, él ha destruido todo; él ha envenenado, incendiado y torturado su propio hogar. ¿Y qué pasará entonces, si la naturaleza colapsa repentinamente porque el interior del planeta ha sido vaciado, porque es aplastado por el peso de la gigantesca masa humana, porque la foresta y las aguas están arruinadas y muertas y el aire está envenenado? Esto sucederá con seguridad, ya que no podemos parar el saqueo excesivo de la Tierra si la población de la Tierra continua creciendo en alrededor de 300.000 personas cada día. Por lo tanto debemos de considerar el colapso del ecosistema, y de hecho no en un par de años, sino ya, hoy día, porque no tenemos ninguna oportunidad más de cambiar y de retroceder, ni podemos tampoco simplemente empacar nuestras cosas y viajar a algún otro sitio donde estemos mejor. La esfera terrestre flota en el espacio infinito, y si ella exhala su vida porque el hombre la mata, entonces el hombre también debe perecer con ella. Nada más atestiguará entonces que una vez existió un maravilloso planeta azul con vida humana. Su luz simplemente se extinguirá y la humanidad será borrada de un golpe. Este hecho parece ser olvidado fácilmente por los habitantes de este planeta. El ser humano cree que en algún momento ocurrirá un milagro, que de algún sitio vendrá una solución. Pero ningún milagro ocurrirá, por lo contrario, la siniestra profecía del final del mundo se acercará si no nos levantamos todos unidos para cambiar inmediatamente la situación. Para un cambio positivo sólo hay una solución: ¡la humanidad debe reducirse!
Nosotros no podemos ni debemos ser indiferentes a lo terrible que acontece al otro lado del mundo porque esto afecta inmediatamente a toda persona. Todos vivimos y existimos sobre el mismo suelo, y todos dependemos del mismo.
¿Pero qué es lo que hace al ser humano tan ciego, sordo, mudo e indiferente? Los anuncios diarios de catástrofes no lo conmueven; o bien se conmociona por poco tiempo, pero eso le pasa rápidamente. Él aguanta calmadamente los terribles noticieros y no se da cuenta de cómo él se degenera cada vez más y más en simplemente una figura titulada: "humano".
Claus Jacobi dijo en su libro titulado "Nos Quedan 100 Años": "Así como ocurrió la explosión demográfica, así ocurrió la contaminación del planeta - por encima del límite de percepción óptica del hombre. Vino lentamente, cada día un pequeñito, inmensurable e imperceptible poquito más."
Con certeza él está correcto en esto, puesto que si la destrucción del planeta causada por la sobrepoblación hubiera ocurrido de golpe, entonces el hombre seguramente hubiera actuado, él se hubiera defendido, porque cada uno lo hubiera sentido en su propio cuerpo. Pero gracias al lento y luego más y más rápido crecimiento de la humanidad, el individuo no conoce otra cosa que las restricciones y ya no se da más cuenta de ellas.
No obstante, ya no más es excusable cuando la persona se queda inmóvil y se resigna simplemente. No es ningún argumento decir: "¿qué puedo hacer yo sólo contra el gobierno y contra el público?", ya que el individuo mismo constituye el público. Cada persona por sí sola puede hacer algo, así sea sólo informar a otros sobre el origen de todos los males.
Nosotros tenemos la elección. O firmamos ya nuestra propia sentencia de muerte y con ello la de la humanidad entera, o introducimos medidas inmediatas y radicales, que contengan efectivamente el crecimiento constante de la populación humana. Para eso sólo hay un camino: debemos parar esta multiplicación parecida a la de los conejillos de India. Debemos evitar que se procreen más vidas, pues una vez que estén en el mundo, toda forma de vida tiene el derecho de cumplir su plazo de vida completamente hasta su fin natural. Por lo tanto, no se pueden tomar medidas apenas cuando el individuo ya esté aquí, sino que se deben aplicar de tal manera que no se pueda engendrar nuevos seres humanos por un período de siete años, según un sistema predeterminado.
Sin embargo, este es en realidad uno de los puntos más débiles, ya que el ser humano prefiere producir hijos en serie, y sólo después, desesperadamente, trata de controlar todos los problemas actuales de falta de alimentación, contaminación ambiental, falta de espacio, falta de trabajo, etc. Él prefiere hacer eso antes que reflexionar sensatamente y ver que con cada individuo adicional en el mundo, las miserias y los problemas se multiplican y se vuelven insolubles. Sólo un egoísmo sin límite puede llevar a una familia por el mal camino de tener muchos hijos, pues nadie querrá sostener que hoy en día se puede dar a varios hijos lo que legalmente les corresponde conforme a las leyes creadas. Así por ejemplo, un niño tiene el derecho a un sano desarrollo síquico y corporal. La realidad, sin embargo, ridiculiza en forma humillante estas intenciones tan honorables, ya que sobre la Tierra ya no hay ningún sitio más donde la naturaleza todavía no esté sufriendo. Para que ella se pueda recuperar, necesita tiempo y espacio, y esto sólo se puede realizar si la humanidad reduce sus números a niveles acordes a la naturaleza, a lo que el planeta es capaz de soportar. Cada jardinero sensato planta en un terreno sólo el número de plantas que se puede desarrollar saludablemente en dicho terreno. Si las plantas estuvieran demasiado cerca una a la otra, entonces se atrofiarían y nada de esto serviría. Así precisamente también ocurre con el hombre. Él sólo puede ser un ser humano real cuando posee los requerimientos necesarios para la vida. Esto a su vez, es posible sólo cuando en la Tierra habiten tantas personas como ella es capaz de sostener. Se les debe dejar a las autoridades que introduzcan leyes estrictas para la realización de la suspensión de nacimientos por 7 años y su control correspondiente hasta que la población mundial se haya reducido a 529 millones. Quien clama ahora que cada familia tiene el derecho propio de decidir, considere lo siguiente: a través de la suspensión de nacimientos no se prohíbe concebir hijos de por vida, sino sólo por siete años respectivamente. Una mujer es capaz de tener niños por alrededor de 20 años, así que siempre podrá tener niños. La suspensión de nacimientos no es ninguna renunciación o pérdida, al contrario, es una ganancia en todo respecto, ya que en 7 años una persona puede trabajar mucho en sí mismo, puede alcanzar cierta madurez y evolucionar junto a su cónyuge, lo que a su vez es un bien para el hijo. Además - y esto es lo más importante - el niño puede nacer en un mundo que se está curando, en el que los seres humanos nuevamente podrán ser seres humanos y todas las otras cosas buenas.

No hay comentarios.: