La sobrepoblación en las grandes urbes en el mundo entero
Una Palabra Adicional
Acerca de la Sobrepoblación
Acerca de la Sobrepoblación
¿Qué Dicen Otros Sobre el Tema de la
Sobrepoblación?
Desde antes de que Billy en 1953 haya
emprendido públicamente la lucha contra la sobrepoblación, la cual continúa por
medio de la FIGU, ya había personas inteligentes y sabias en este mundo que
habían advertido muy urgentemente y claramente sobre este mal, el mayor de
todos los tiempos. Citaremos las palabras de tres de todas las personas de
pensamiento avanzado, quienes reunieron el valor firme y la fuerza necesaria y
no desertaron de expresar la verdad por miedo vacilante o cobardía miserable.
El teólogo inglés, historiador y científico
de economía, Thomas Robert Malthus (2-17-1766 hasta 12-23-1834) ya había
hecho en el año de 1798 alusión a este futuro problema. Sobre él se puede leer:
"mientras atendía una parroquia (él fue un pastor protestante) se ocupaba
- durante la época de la creciente miseria de las masas por la incipiente
industrialización - con asuntos teóricos acerca de la población, y publicó en
1798 la obra modelo, "Ensayo sobre la Ley de la Población y sus Efectos
en el Futuro Progreso de la Sociedad". En su famoso ensayo, él publicó
su doctrina, desde entonces conocida bajo su nombre, de que el crecimiento de
la población sigue una ley geométrica, y por otro lado, el crecimiento de las
fuentes de alimentación sigue una ley aritmética; que bajo estas circunstancias
las condiciones de vida de los pobres se vuelven más y más desesperantes; que
de continuar así, los medios para la vida finalmente no alcanzarán más, a no
ser que la hambruna o las guerras disminuyan la población de la Tierra; que habría
que aconsejar contra los matrimonios imprudentes y de edad muy joven, y que las
personas deben dedicarse al control propio de su multiplicación."
El escritor inglés, Aldous Leonhard
Huxley (7-26-1894 hasta 11-22-1963) advirtió acerca de la creencia ciega en
el progreso ya desde la primera mitad del siglo 20. A él le inquietaba
profundamente el excesivo crecimiento de la población de nuestro planeta. En el
año 1954 hizo el siguiente manifiesto: "Si no se resuelve, este problema
hará que todos nuestros demás problemas no tengan solución".
Él también reconoció que el mayor peligro
para la libertad del hombre está en la reducción de nuestro espacio de vida
causada por el número excesivo de todos nosotros. "Cuando el creciente
número de seres humanos en el futuro se peleen por los cada vez más y más
escasos tesoros de la naturaleza, entonces retoñará la semilla de la dictadura.
Los dictadores aparecerán como salvadores cuando se clame más y más fuertemente
por una solución urgente y también por un "hombre fuerte". Una
humanidad en penurias es una presa fácil para líderes despiadados y
violentos".
El tercero al que desearía citar es el
profesor de astrofísica Heinz Haber (5-15-1913 hasta 2-13-1990). En el
año 1973, él escribió en su libro "¿Muere el Planeta Azul?"
los párrafos abajo citados. Él, sagazmente, hasta calculó el número de la
población según lo que en la Tierra toleran la naturaleza y las condiciones
naturales dadas, lo cual prueba que no solo Billy y la "Freie Interessengemeinschaft"
hablan de alrededor de 500 millones de seres humanos. Uno puede leer como
sigue: "de hecho es así, que los problemas más urgentes del futuro de la
humanidad giran alrededor de la sobrepoblación de nuestro planeta como un centro
gravitacional. ...
Con la caída del equilibrio de su propia
población, ahora el hombre amenaza también con deribar el equilibrio de todo el
planeta. Sólo esfuerzos mayores e inmediatos nos pueden ayudar, pues estamos
sentados sobre una bomba de tiempo humana que irresistiblemente avanza hacia
una pronta explosión. ...
El problema que hoy, a finales del segundo
milenio de nuestro cómputo del tiempo nos salta a la cara, es con mucho la
mayor crisis que la humanidad ha tenido que experimentar desde sus orígenes.
Todos los otros eventos históricos, comparados con este problema, se desvanecen
en insignificancia histórica. El número de la población de la humanidad de la
Tierra ha salido fuera del marco equilibrado de la naturaleza. Y esto - como lo
hemos aclarado anteriormente - significa una catástrofe en el sentido auténtico
de la palabra.
... ¿Cuántas personas debe haber realmente
sobre la Tierra? Este número depende del tamaño de nuestro planeta, de la
energía solar que continuamente cae sobre el mismo, y la capacidad de nuestras
plantas de utilizar biológicamente esta energía solar. ...
Un simple cálculo demuestra entonces que el
límite de tolerancia natural de nuestro planeta azul para seres humanos es
aproximadamente de 500 millones de personas. ...
Ahora vemos que sólo hemos podido exceder
nuestro límite naturalmente reconocido de 500 millones porque hemos tomado
energía adicional. Un porcentaje predominante de esa energía lo hemos extraído
mediante la combustión y uso de combustibles fósiles: el carbón, el petróleo y
el gas natural. ...
El fastidioso problema de la contaminación
ambiental suele ser atribuído a los excesos de nuestra moderna sociedad
industrial y a la avaricia del sistema capitalista. Si esa aserción se examina
más cuidadosamente, se ve que es completamente falsa. Al fin de cuentas, todos
estos problemas tienen su origen en la presión causada por el continuo
crecimiento de la población, lo cual es obvio tanto en los países occidentales
como en los países socialistas y en las naciones del tercer mundo. ...
Hoy en día, que todos saben que ya hay
demasiados miembros en la tripulación de nuestra nave espacial, la Tierra,
debemos aprender a ver a nuestras antiguas formas de pensar y a las heredadas
tradiciones sobre la multiplicación humana con ojos completamente nuevos. ...
En las décadas hasta mediados de este
siglo, a la mayoría de nosotros se nos ha escapado con qué velocidad comenzó a
levantarse la ola de la población de la Tierra, de modo que - precisamente como
una gran ola en el Pacífico - algo muy decisivo debe pasar pronto. ...
Ya previamente hemos señalado que en el
problema cada vez más y más urgente del superdesarrollo de hoy, es muy difícil
diferenciar entre la causa y el efecto. Esta también es la razón de por qué
sólo difícilmente se aísla el elemento culpable de los diversos males de
nuestro planeta azul. Adicionalmente, todavía se presentan dos elementos
psicológicos más que dificultan mucho el estudio de nuestro problema. Las
condiciones que lentamente se empeoran más y mas, no se registran muy bien en
la conciencia, pues día a día crecen muy desapercibidamente. Así nos
acostumbramos a la pestilencia que crece día tras día en nuestras grandes
ciudades y al creciente y fastidioso ruido. ...
Parece que la humanidad todavía carece
completamente del reconocimiento de que el crecimiento de la población, a pesar
de mayores esfuerzos, debe llevar cada vez más y más hacia el empobrecimiento
progresivo.
Hace pocos años atrás, una serie de
destacados científicos de la ecología y de la alimentación había hecho la
sugerencia que en la India no se debe ayudar más en las hambrunas de ese tipo.
Eso suena tan brutal e increíblemente inhumano que uno no puede evitar sino
enfurecerse ante esas aserciones. Aunque en realidad, esos expertos han hecho
sus sugerencias con el espíritu del amor cristiano al prójimo si uno cuenta el
número de personas cuyos sufrimientos han sido aliviados. Si se ayuda a los
Hindúes en hambruna, entonces se da a la población de ese subcontinente la
posibilidad de sobrevivir y de continuar con su incremento promedio de
alrededor de un millón de personas por mes.
Debemos contener nuestra desenfrenada
fertilidad. Debemos paralizar nuestra multiplicación destructiva e incluso
debemos disminuir decisivamente en nuestro número. ...
Si procuramos un control de natalidad a
nivel mundial, entonces tenemos que tratar con enormes obstáculos; obstáculos
formados por nuestra biología, nuestra sicología y nuestras tradiciones
profundamente arraigadas. Muchas personas pensativas que se han dedicado a este
problema están muy pesimistas. No parece del todo - así dicen ellos - que se
puedan tumbar estas enormes barreras en los próximos 20 ó 30 años. E incluso
este tiempo parece muy largo. Esta es la razón de por qué parece inevitable una
población de ocho, diez o tal vez hasta doce mil millones de personas durante
la primera década del próximo milenio. Los pesimistas entre nosotros tienen
todos los argumentos fuertes en su favor. ...
La esperanza de nuestros optimistas se basa
en que nosotros, como humanidad, entendamos las razones de nuestro dilema. Por
eso es importante que cada uno comprenda la interdependencia de las leyes
naturales en la que nosotros y nuestro planeta estamos firmemente integrados.
Sólo entonces podemos actuar de forma razonable. ...
Está comprobado que con nuestras acciones
ya cargamos con una responsabilidad considerable del destino de nuestra especie
también hasta en el próximo milenio.
La sobrepoblación no es un tema que
concierne sólo a los países del tercer mundo y a los gobiernos, sino también al
mundo occidental, a los así llamados países ricos y también a todo individuo.
Realmente ya no se puede entender por qué el hombre de la Tierra no quiere
comprender que todos los problemas y males de este mundo resultan únicamente
del hecho de que simplemente hay demasiadas personas. Nos pisamos los unos a
los otros, nos ponemos los nervios de punta uno al otro, y nos convertimos
lenta pero inevitablemente en seres adaptados y reducidos a una función. Así
nos olvidamos más y más de cómo ser seres humanos reales. Con nosotros en el
mundo occidental tal vez los efectos de la sobrepoblación todavía no son tan
drásticos como para los que sufren de hambre en el tercer mundo, pero también
aquí se están presentando las primeras catástrofes que trae consigo la
inundación por la masa humana. El número de desempleados se eleva rápidamente,
y también forzosamente el número de criminales, pues como dice el dicho - el
que no tiene, toma. Y que esto lleva a horribles masacres humanas y a guerras
espantosas, lo prueba el desfile diario de terribles noticieros.
Especialmente con nosotros en Suiza, un
diminuto país que desaparece por su pequeñez ante toda la Tierra, nos
imaginamos que estamos seguros y protegidos porque todo está en tan buen orden
y el gobierno tiene todo bajo control. Ciertamente no quiero criticar la forma
de gobierno de Suiza, porque sin duda es un país con el mejor cumplimiento de
leyes, pues si fuera de otra forma, no nos iría tan bien. Pero justo por esto
mismo nos mantenemos demasiado despreocupados ante los problemas en nuestro
contorno, como que si la sobrepoblación, con todos sus males y su destrucción
del planeta, fuera a parar ante las fronteras del país.
Primero el uno o el otro, lenta pero
seguramente, siente en su propio cuerpo que con nosotros esto tampoco puede
continuar así para siempre. Muchos ya no tienen trabajo o ganan muy poco como
para poder alimentar, mantener y sostenerse a sí mismos y a sus familias. Pero
el individuo todavía no se siente afectado, puesto que mientras sólo sea el
vecino, nos dan igual los males del planeta.
Es inconcebible que el planeta azul, una
vez tan maravilloso, sea casi completamente destruido por seres vivientes que
fueron designados, como criaturas más desarrolladas, hacia un desarrollo aún
más alto. Así como antes la naturaleza significó para el hombre el recreo en
todo aspecto, así debe ahora protegerse contra ella, a sí mismo y sobre todo a
la nueva generación que viene. Especies enteras de flora y fauna ya no existen
más; la luz del sol, luz que debía mantener la vida, se ha vuelto un rayo
nefasto, ya que el hombre ha destruido la capa de protección de ozono que
envuelve el planeta. Las aguas están tan contaminadas que el bañarse en ellas
es una prueba de valentía, pues muchos salen con diversas toxinas del supuesto
baño refrescante. Las catástrofes de origen natural, como las erupciones de los
volcanes, terremotos, inundaciones, sequías, etc. hacen el resto. La lista de
los peligros que la vida, por su propia culpa trae consigo, es interminable. Nuestro
tiempo sobre la Tierra no se puede describir más como vida, sino meramente una
lucha por sobrevivir, si se considera todos los peligros y riesgos. ¿Y por qué?
porque el hombre, con su insensatez, se multiplica como conejillo de Indias;
porque él, de esa manera, toma más materia prima de lo que la Tierra le puede
dar; porque él, por su gran número, produce más desecho de lo que la Tierra
puede procesar, y porque él, por sus investigaciones progresivas, produce tal
cantidad de venenos, que la Tierra, sobrecargada por los mismos, apenas puede
respirar.
La Tierra "tose" y
"escupe", ella es saqueada y torturada y amenaza con sofocarse, pero
aún así, año tras año, trae sus espléndidos colores a flor y le da al hombre,
con sus ultimas fuerzas, lo que todavía le queda a la naturaleza enferma.
Sin embargo, se sabe generalmente que los
seres vivos enfermos suelen retoñar una vez más un poco antes de morir y
parecen mejorar. ¿No produce fruta un árbol enfermo porque siente que muere, y
no suele ocurrir que una persona que por meses ha estado en cama, pronto antes
de su muerte repentinamente se levanta y hasta por poco tiempo puede caminar?
También nuestro planeta es un ser vivo que respira y pulsa, pero el hombre lo
ha descuartizado con su sobrepoblación desmedida, él ha destruido todo; él ha
envenenado, incendiado y torturado su propio hogar. ¿Y qué pasará entonces, si
la naturaleza colapsa repentinamente porque el interior del planeta ha sido
vaciado, porque es aplastado por el peso de la gigantesca masa humana, porque
la foresta y las aguas están arruinadas y muertas y el aire está envenenado?
Esto sucederá con seguridad, ya que no podemos parar el saqueo excesivo de la
Tierra si la población de la Tierra continua creciendo en alrededor de 300.000
personas cada día. Por lo tanto debemos de considerar el colapso del
ecosistema, y de hecho no en un par de años, sino ya, hoy día, porque no
tenemos ninguna oportunidad más de cambiar y de retroceder, ni podemos tampoco
simplemente empacar nuestras cosas y viajar a algún otro sitio donde estemos
mejor. La esfera terrestre flota en el espacio infinito, y si ella exhala su
vida porque el hombre la mata, entonces el hombre también debe perecer con
ella. Nada más atestiguará entonces que una vez existió un maravilloso planeta
azul con vida humana. Su luz simplemente se extinguirá y la humanidad será
borrada de un golpe. Este hecho parece ser olvidado fácilmente por los
habitantes de este planeta. El ser humano cree que en algún momento ocurrirá un
milagro, que de algún sitio vendrá una solución. Pero ningún milagro ocurrirá,
por lo contrario, la siniestra profecía del final del mundo se acercará si no
nos levantamos todos unidos para cambiar inmediatamente la situación. Para un
cambio positivo sólo hay una solución: ¡la humanidad debe reducirse!
Nosotros no podemos ni debemos ser
indiferentes a lo terrible que acontece al otro lado del mundo porque esto
afecta inmediatamente a toda persona. Todos vivimos y existimos sobre el mismo
suelo, y todos dependemos del mismo.
¿Pero qué es lo que hace al ser humano tan
ciego, sordo, mudo e indiferente? Los anuncios diarios de catástrofes no lo
conmueven; o bien se conmociona por poco tiempo, pero eso le pasa rápidamente.
Él aguanta calmadamente los terribles noticieros y no se da cuenta de cómo él
se degenera cada vez más y más en simplemente una figura titulada:
"humano".
Claus Jacobi dijo en su libro titulado
"Nos Quedan 100 Años": "Así como ocurrió la explosión
demográfica, así ocurrió la contaminación del planeta - por encima del límite
de percepción óptica del hombre. Vino lentamente, cada día un pequeñito,
inmensurable e imperceptible poquito más."
Con certeza él está correcto en esto,
puesto que si la destrucción del planeta causada por la sobrepoblación hubiera
ocurrido de golpe, entonces el hombre seguramente hubiera actuado, él se
hubiera defendido, porque cada uno lo hubiera sentido en su propio cuerpo. Pero
gracias al lento y luego más y más rápido crecimiento de la humanidad, el
individuo no conoce otra cosa que las restricciones y ya no se da más cuenta de
ellas.
No obstante, ya no más es excusable cuando
la persona se queda inmóvil y se resigna simplemente. No es ningún argumento
decir: "¿qué puedo hacer yo sólo contra el gobierno y contra el
público?", ya que el individuo mismo constituye el público. Cada persona
por sí sola puede hacer algo, así sea sólo informar a otros sobre el origen de
todos los males.
Nosotros tenemos la elección. O firmamos ya
nuestra propia sentencia de muerte y con ello la de la humanidad entera, o introducimos
medidas inmediatas y radicales, que contengan efectivamente el crecimiento
constante de la populación humana. Para eso sólo hay un camino: debemos parar
esta multiplicación parecida a la de los conejillos de India. Debemos evitar
que se procreen más vidas, pues una vez que estén en el mundo, toda forma de
vida tiene el derecho de cumplir su plazo de vida completamente hasta su fin
natural. Por lo tanto, no se pueden tomar medidas apenas cuando el individuo ya
esté aquí, sino que se deben aplicar de tal manera que no se pueda engendrar
nuevos seres humanos por un período de siete años, según un sistema
predeterminado.
Sin embargo, este es en realidad uno de los
puntos más débiles, ya que el ser humano prefiere producir hijos en serie, y
sólo después, desesperadamente, trata de controlar todos los problemas actuales
de falta de alimentación, contaminación ambiental, falta de espacio, falta de
trabajo, etc. Él prefiere hacer eso antes que reflexionar sensatamente y ver
que con cada individuo adicional en el mundo, las miserias y los problemas se
multiplican y se vuelven insolubles. Sólo un egoísmo sin límite puede llevar a
una familia por el mal camino de tener muchos hijos, pues nadie querrá sostener
que hoy en día se puede dar a varios hijos lo que legalmente les corresponde
conforme a las leyes creadas. Así por ejemplo, un niño tiene el derecho a un
sano desarrollo síquico y corporal. La realidad, sin embargo, ridiculiza en
forma humillante estas intenciones tan honorables, ya que sobre la Tierra ya no
hay ningún sitio más donde la naturaleza todavía no esté sufriendo. Para que
ella se pueda recuperar, necesita tiempo y espacio, y esto sólo se puede
realizar si la humanidad reduce sus números a niveles acordes a la naturaleza,
a lo que el planeta es capaz de soportar. Cada jardinero sensato planta en un
terreno sólo el número de plantas que se puede desarrollar saludablemente en
dicho terreno. Si las plantas estuvieran demasiado cerca una a la otra,
entonces se atrofiarían y nada de esto serviría. Así precisamente también
ocurre con el hombre. Él sólo puede ser un ser humano real cuando posee los
requerimientos necesarios para la vida. Esto a su vez, es posible sólo cuando
en la Tierra habiten tantas personas como ella es capaz de sostener. Se les debe
dejar a las autoridades que introduzcan leyes estrictas para la realización de
la suspensión de nacimientos por 7 años y su control correspondiente hasta que
la población mundial se haya reducido a 529 millones. Quien clama ahora que
cada familia tiene el derecho propio de decidir, considere lo siguiente: a
través de la suspensión de nacimientos no se prohíbe concebir hijos de por
vida, sino sólo por siete años respectivamente. Una mujer es capaz de tener
niños por alrededor de 20 años, así que siempre podrá tener niños. La
suspensión de nacimientos no es ninguna renunciación o pérdida, al contrario,
es una ganancia en todo respecto, ya que en 7 años una persona puede trabajar
mucho en sí mismo, puede alcanzar cierta madurez y evolucionar junto a su
cónyuge, lo que a su vez es un bien para el hijo. Además - y esto es lo más
importante - el niño puede nacer en un mundo que se está curando, en el que los
seres humanos nuevamente podrán ser seres humanos y todas las otras cosas
buenas.





